No es tan terrible… ¿O sí?


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La comunicación puede ser una ventaja muy grande en lo que hacemos y queremos si sabemos cómo usar esa ventaja.

Si fuésemos conscientes de lo que hacemos, decimos y las reacciones que causamos en otros, todo nuestro mundo de relaciones, de vínculos, sería muy distinto. Sería productivo desde todo punto de vista. Y económico, por qué no decirlo, puesto que no tendríamos que dedicar demasiado tiempo a reformular mensajes ni conductas para que nos comprendan. De hecho, si lo fuésemos, ni no tendría mucho sentido siquiera estar escribiendo esta columna.

Todos sabemos que la realidad es muy distinta. Una realidad que les pesa a muchos. A muchos en el ambiente laboral, y no a muchos menos en su vida personal.

Algo que debiese ser un asunto resuelto desde la infancia, desde nuestro ADN social, es una de las grandes brechas que separan a aquellos que pueden y saben cómo, de aquellos que no. A los primeros, les resulta “muy natural” ser carismáticos y atractivos al comunicar. Y de la misma forma no les resulta difícil lograr un acuerdo o negociación beneficiosa para sus intereses. No les resulta difícil lograr la atención de la persona que les atrae. No les resulta difícil conseguir ese algo más de voluntad de otros, sólo utilizando las palabras precisas y la forma indicada. Casi nada les cuesta.

Visto así, para el resto, es frustrante saber que si se les consultara en qué basan su éxito, no tendrían mucha claridad para determinar qué y cómo de lo que hacen al comunicar es lo que les permite lograr lo a otros les cuesta un mundo. Sólo saben que ocurre, y nada más. Y de una forma u otra, desde que perciben su efecto, le sacan todo el partido que sea posible.

Pero esa no es la mayoría de los mortales. La mayoría, se encuentra del otro lado de la vereda; esa que no es consciente de lo que nos sucede al comunicar. Esa que muchas veces creyendo que hacen lo correcto, generan el efecto contrario. Esa que leyó todos los tips de cuanto “experto” en comunicación existe, y que no puede aplicarlos tal y como los entendió. Esa, que incluso, ha costeado cursos, ha comprado libros para lograr un must que finalmente nunca llega. Esa que, a estas alturas, el asunto se les ha convertido en un problema sin solución.

En mis casi veinte años trabajando como formador de speakers y líderes, he concluido algunas ideas que puede les resulten útiles para empezar a resolver este asunto. Aquí algunas de ellas:

  • Todo aquél que sabe comunicar, sabe describirse a sí mismo con absoluta claridad.
  • Todo aquél que sabe comunicar, sabe que en la vida como en el trabajo, ejercemos roles. Somos nosotros, los de siempre, pero con los ajustes al entorno.
  • Todo aquél que sabe comunicar, sabe que no todas las personas reaccionan igual ante similares estímulos, por eso, adecua su comunicación cada vez que le parece necesario.
  • Todo aquél que sabe comunicar, sabe que el contexto muchas veces condiciona lo que otros interpretan.
  • Todo aquél que sabe comunicar, sabe que el lenguaje crea una realidad que si no tuviésemos la capacidad de describirla, sencillamente no existiría para nadie.
  • Todo aquél que sabe comunicar, sabe que la forma en que lo hacemos genera más impacto y recordación que las palabras que utiliza.

No es tan difícil. 

No es tan terrible…¿O sí?

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