“Comunicación Efectiva”: Los Efectos de la Forma Sobre el Fondo.


No me gusta el término comunicación efectiva. Para nada en realidad. No me gusta porque lo encuentro banal y poco real de lo que es la comunicación en sí. No me gusta porque todas las prácticas, tips y cursos al respecto lo abordan como si se tratara de un “check list” de prácticas y procedimientos que de aplicarlos, tenemos el éxito asegurado. Si fuese así, no estaríamos “hablando” de esto.

Como siempre digo. En el plano personal cada quien tiene la prerrogativa de comportarse como se le antoje y asumir las consecuencias de sus actos (comunicativos y de otra índole). Es un espacio donde no podemos intervenir. Quizás opinar a favor o en contra, pero deslegitimar nunca.

Pero en el plano laboral las cosas operan de forma muy distinta. Y claro, no respondemos a la propia voluntad, respondemos a preceptos, políticas y directrices de una compañía y/o organización. Y en ese caso, debo cautelar que todo lo que haga en materia comunicativa tenga el efecto esperado a fin de generar un círculo virtuoso y productivo tanto en el plano de las relaciones con nuestros pares como en el liderazgo que nos toca ejercer circunstancialmente.

En esta oportunidad, y como parte de una serie consecutiva de columnas abordaremos la comunicación efectiva desde la óptica de la comunicación no verbal. Un área inexplorada por estas latitudes, y lo que es más preocupante, poco considerada en los planos laborales como insumo estratégico que aporta desempeño eficiente de todo profesional.

Para empezar, habría que iniciar señalando que la comunicación no verbal deja de manifiesto que la comunicación es un proceso, y que además se explica (y significa) en un contexto determinado.

Lamentablemente, desde nuestra infancia se abocaron a educarnos con una prioridad extrema en lo que decimos, en lo que debemos decir y cómo incrementar los conocimientos a este respecto. El QUÉ de la comunicación. Pero como seguramente habrán constatado, la forma supera muchas veces el impacto de lo que decimos. “No es lo que dijo, es cómo lo dijo” una frase de larga data que hace hincapié en este punto. En la relevancia de la forma por sobre el fondo.

¿Pero qué tan relevante es?
Tan relevante, que más del 90% del impacto de nuestra comunicación con otro, se basa en la comunicación no verbal desplegada por cada uno de nosotros en esa interacción. El problema radica en que todos ponemos especial acento en lo que decimos y no en el cómo. Y claro, porque la comunicación no verbal posee dos características que la hacen una fortaleza (para quien la conoce y aplica) o una debilidad (para quien la desconoce ni interpreta): Es inconsciente e involuntaria.

Entonces, no se trata de tener un aprendizaje tipo diccionario de todos los signos no verbales existentes pues lo interesante es poder aplicarla e interpretarla en situaciones de interrelación con otros.

Por ejemplo: ¿Sabías que el saludo inicial en una relación de negocios determina la posición competitiva de las partes y cómo éstas se relacionaran durante el tiempo que tome la reunión?. Es probable que nunca hayas reparado en eso, ni menos en sus efectos. ¿Hay diferencias de género que deben ser consideradas en este saludo inicial? ¿Cómo podría saber si quedo en la posición dominante o concesiva, y cuánto podría afectar eso mi discurso? ¿Al momento de llegar a una reunión y/o entrevista, qué lugar de la mesa debiese ocupar?

Las interrogantes a resolver son variadas y cien por ciento contingentes a la realidad laboral de muchos.

Si a todos nosotros nos hubiesen enseñado a entender que las relaciones interpersonales se significan (y explican) en función del cómo , más que del qué; probablemente todas las prácticas de entrenamiento en habilidades directivas, comportamiento organizacional y cualquier otra ligada al ámbito de la gestión de personas habrían sufrido un cambio sustancial en sus metodologías y creencias.

Por ello es que la comunicación no verbal está ganando espacio. No como una disciplina de adivinación o conjetura, sino como un área que complementa, enriquece y significa de forma más evidente y certera los dichos y actos de un individuo. Es un área de la comunicación que no más del 5% de la población la utiliza de forma eficiente.

Dada su amplitud es que se subdivide en diversas dimensiones para así explicarla mejor. Así, iremos abordando progresivamente las más relevantes y conocidas: Kinésica, Paralingüística y Proxémica.

La Kinésica explica el significado del movimiento del cuerpo y que se expresa de diversas formas, tales como: microexpresiones, gestos, posturas, formas de contacto físico, contacto ocular, entre otras.

La Paralingüística refiere a todos aquellos elementos que acompañan la expresión lingüística y que actúan como señales o indicios, tales como el volumen de la voz, el tono, la inflexión, el ritmo, llanto, suspiros y otros relacionados.

La Proxémica explica el significado del uso que hacemos de los espacios y nuestra relación con objetos colindantes. Tiene relación directa con la territorialidad y nuestra posición en un grupo social.

Indistinto de las dimensiones, hay que dejar en claro que todo debe ser contextualizado antes de ser explicado. Todo acto comunicativo tiene un contexto, y eso no debe olvidarse. Como tampoco debe olvidarse la frase acuñada por un experto en negociación: “Puede que olviden lo que dijiste, pero jamás olvidarán cómo los hiciste sentir”.

Christian Andrada D.
Greenmind

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