El saludo , y más específicamente el saludo con apretón de manos (handshake), es uno de los rituales no-verbales más fundamentales en las interacciones humanas.
Como siempre he señalado, en el ámbito personal cada quien tiene la prerrogativa de “asumir los costos” que provendrán de su estilo al momento de saludar a otro interlocutor. En el plano de los negocios, esta reflexión no debiera ser tan liviana dado que es este ritual que condiciona el tenor de la relación en los minutos u horas siguientes. Es una carta de presentación que devela nuestras motivaciones y formas de ver la sociabilidad con otros.
Por ejemplo, es altamente improbable que una persona con un estilo territorial y avasallador salude sin prodigar un apretón de manos enérgico, seco, lleno y poderoso.
No juzgamos lo correcto o incorrecto del tipo de saludo ni a quien lo ejecuta. Lo que no debemos perder de vista (y he ahí la importancia de todo esto) es la estrategia comunicativa que debiera suponer de nuestra parte el relacionarnos con alguien que nos saluda de esa forma cuando existen motivaciones y metas laborales que nos inducen a estar reunidos con él (o ella). Qué hacer (o no) comunicacionalmente en este caso.
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