
Hace algunos días, unos ex alumnos se quejaban que uno de sus proyectos “estrella” había sido rechazado por un organismo del estado; ellos señalaban a la falta de experiencia y de contactos, como principal motivo de la suerte corrida por su propuesta.
Con entusiasmo, ellos desglosaron los antecedentes, soluciones e intervenciones sugeridas y orgullosamente, desde un portafolio, extrajeron el tan mentado proyecto y me lo facilitaron.
Debo reconocer que el documento tenía una presentación impecable, una atractiva tipografía y una gran calidad gráfica. Sin embargo, al comenzar a leer el documento la redacción no era prolija y a ratos era confusa y poco clara.
Entre los problemas del texto se pueden mencionar el mal uso de la puntuación, exceso de adjetivos; uso no adecuado de vocablos y profusión de tiempos verbales. Todos estos problemas eran evitables y subsanables, bastaba con recordar la gramática básica de nuestra lengua; tener un diccionario a mano; revisar el texto más de una vez y no confiar ciegamente en el corrector de Word.
Estas simples medidas habrían mejorado la calidad del texto de la propuesta, es evidente que una buena redacción, por sí sola, no es suficiente para incidir en el éxito de todo proyecto, pero no es menos cierto que si no son claros los argumentos o se dificulta entenderlos; la suerte de éste no será de las mejores.
Para que un proyecto tenga asegurado su éxito, se debe procurar que éste sea óptimao e impecable desde todo punto de vista. Si usted desplegó gran cuidado con los cálculos, creatividad en la forma y acuciosidad en los detalles implicados; no se olvide de generar un texto de gran calidad y fácil comprensión.
Post Redactado por Manuel Plaza S., Consultor Asociado y Relator de nuestro Taller de Comunicación y Redacción Escrita. Ve los detalles de éste, aquí.

