Un aspecto fundamental a resolver por todo orador que se precie de tal, es el reconocimiento y definición de su identidad. El responder “quién soy” es crucial como punto de partida de un orador AUTÉNTICO, GENUINO Y CREÍBLE.
El presentarse como un Orador que actúa conforme a pautas y esquemas es un error. Y toma tiempo enmendar el camino.
Mayor trabajo tiene aquel orador que ha “creado” un personaje que le permite comunicarse con un auditorio, que aquella persona que con debilidades y fortalezas de comunicación, se da a la tarea de reconocerlas y potenciar aquellas que le son favorables y sublimar aquellas que no.
Claro, porque el poder estar claros de lo que somos nos permite actuar y expresarnos de una forma tal que generamos credibilidad.
Qué te define. Qué te diferencia de otros. Qué te hace único, ¿te lo preguntaste alguna vez?…y lo más importante, ¿lo respondiste?
Si deseas iniciar un camino donde puedas expresarte con claridad y convicción cualquiera sea el entorno o tema en cuestión, debes comenzar con esto. UN ORADOR ES ADAPTABLE, NO RESPONDE (Y ACTÚA) SÓLO EN ENTORNOS NI CON CONTENIDOS QUE DOMINA. TIENE OPINIÓN, INCLUSO DESDE EL DESCONOCIMIENTO.

