Cualquiera sea el motivo, el lugar o la circunstancia que le toque vivir (y NO enfrentar) a un orador, al menos tendrá dentro de sus razones para hablar, una de las siguientes:
- Informar: dar noticia o datos sobre algo o alguien.
- Entretener: divertir, animar a los oyentes.
- Convencer: incitar con razones de peso a la audiencia a hacer algo o a cambiar de intención o comportamiento.
- Motivar: preparar mentalmente al auditorio para que lleve a cabo una acción determinada.
Podrá resultar muy básico y un mero detalle, pero el plantearse objetivos en estas lides es apropiado y absolutamente necesario.
Ya sea que se trate de un discurso previamente planificado, o bien de una improvisación, te será muy útil para definir el énfasis que el asignarás a la exposición.


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