Nada, o mucho, difícil saberlo.
Lo cierto es que la Oratoria que muchos grandes oradores despliegan resulta ser muchas veces una expectativa de desempeño que está muy por encima de lo que podríamos lograr. O al menos eso parece. El intentar emular o parecernos a otros es el primer gran error en que incurren muchas personas al querer desarrollar su oratoria. Recuerdo un asistente al Taller de Oratoria quien al consultarle por sus expectativas con el curso, dijo: “Quiero ser tan atractivo, persuasivo e histriónico como sea posible”, muy bien le dije, te hago dos preguntas antes: “¿son esas las características de tu identidad?”, y si así no fuese: “¿por qué deseas ser otro?”. De ahí en adelante, su oratoria comenzó a tomar forma.
Una base elemental de todo orador que se precie de tal, es responderse una simple (aunque profunda) pregunta: ¿Quién soy?. Si estás en condiciones de responderla sin titubeos, estamos muy bien encaminados, si no es así; es menester que lo hagas con prontitud.
El reconocer tu identidad, aceptarla tal cual es e identificar tus características de comunicación, es la piedra angular del desarrollo y perfeccionamiento de tu oratoria.

